[Kid Icarus: Distractions] Capítulo 2

   Capítulo 2: Oscuridad
   Pit abrió los ojos, agotado, al oír un ruido cercano. El ángel de ojos rojos y cabellos oscuros se acercaba a la cama, sobre la que él reposaba, con lentitud, estudiándole con interés. El joven ángel cerró los ojos rápidamente y se volvió hacia la pared como si estuviese dormido.
   ―Pit… ¿Estás despierto? ―Mn…
   El ángel oscuro se sentó junto a él, sobre la cama, y dejó escapar un pequeño suspiro. Lentamente, acarició la mejilla de Pit, que no pudo evitar estremecerse.
   ―Siento haberte metido en esto ―dijo―. Espero que puedas perdonarme algún día. Yo… nunca quise hacerte daño.
   Pit sintió el sudor deslizarse por su frente mientras la mano de Pit II se movía hacia su cuello, apartando sus cabellos. ¿Qué le estaba pasando? Su corazón había empezado a latir más rápido de repente.
   ―Pit. ―La voz del otro ángel sonó muy cerca de su oído, como si quisiera asegurarse de que realmente estaba dormido―. Pit…
   Él cerró los ojos con más fuerza, dejando escapar una bocanada de aire al sentir la mano descender por su clavícula. «Basta.» Sintió el aliento de Pit II en su nuca y volvió a estremecerse.
   ―¡Basta! ―El joven ángel no pudo aguantar más y empujó al otro chico lo más lejos posible―. Ya basta.
  Pit II clavó sus ojos rojos en los suyos, atónito. Frunció el ceño, y Pit pudo ver en su expresión enfadada algo de rabia. Tal vez debería haberse quedado quieto, pensó. Tal vez eso solo habría empeorado las cosas.
   ―¿Quién te crees que eres? ―La voz del otro ángel interrumpió sus pensamientos. Para sorpresa suya, se estaba riendo―. ¿Crees que malgastaría mi tiempo contigo?
   Él no supo qué contestar. Pudo notar cómo el calor de la vergüenza subía a su cara.
    ―Yo…
   Pero Pit II no le dio tiempo para terminar de hablar. Claramente enojado, recogió del suelo algo que parecía un bolso de cuero.
   ―No eres más que un patético humano. Si no puedes volar, ¿qué te diferencia de ellos?
   Después de haber manifestado su enfado, salió de la habitación dando un portazo. Pit se quedó inmóvil sobre la cama mientras oía el sonido de la llave al cerrar aquella pesada puerta de metal.
   ―¿Qué he hecho? ―se preguntó― Lo siento… Palutena… lo siento. ―Sus palabras se convirtieron en balbuceos mientras las lágrimas comenzaban a caer por sus mejillas―. Perdóname…

   Hades sonrió ampliamente.
   ―Vaya, vaya… así que al final te has decidido.
   ―Ni siquiera tengo otra opción. ―Pit II parecía bastante tranquilo, tatareando una canción mientras se quitaba la ropa―. Se supone que tengo que hacer lo que me digas, ¿no?
   El Dios del Inframundo rio. Sus carcajadas retumbaron por toda la habitación. Llamó al ángel a su cama con un simple movimiento de muñeca.
   ―¿Por qué no vienes aquí y te olvidas del rechazo? Yo soy mejor que ese enano.
   Él se acercó, sintiendo cómo el frío de la habitación erizaba su vello corporal.
   ―Seguro que sí.


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